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  • Adrián Rodríguez Alcocer

Mitos de la nulidad: 1. Es largo, caro y difícil

Al preparar la conferencia "¿Entonces nunca me casé?" estuve reflexionando sobre las principales dudas y creencias con las que me he encontrado respecto del tema de los procesos de nulidad matrimonial y descubrí algo interesante: existen 3 grandes mitos acerca de la nulidad canónica que están muy extendidos entre las personas católicas que han escuchado algo del tema. Entonces, después de un breve descanso motivado por mi cumpleaños, voy tomar tres entradas para hablar de cada uno de ellos.


El primer mito de los procesos de nulidad es que son muy largos, muy difíciles, y muy caros.


Este mito tiene algo de verdad, pues antes de las reformas hechas por el Papa Francisco en 2015, los procesos eran más complicados (sin que esto implique que el mito era necesariamente verdad). Esto favoreció que la percepción general respecto de los procesos fuera esa: difíciles, largos, caros. De hecho, una de las grandes motivaciones del Papa para realizar esta importante reforma fue precisamente esa percepción y el hecho de que vaya que existían casos en los que esto se cumplía. No eran la norma, pero yo llegué a conocer procesos de más de 10 años, abogados que cobraban cantidades estratosféricas, y el mero diseño del proceso, que establecía la necesidad de una "doble sentencia conforme", obligaba a que el fiel que buscaba contraer nuevo matrimonio tuviera que llevar a cabo no uno, sino dos procesos judiciales.


Veamos ahora la verdad sobre cada uno de los puntos:


1. Son difíciles


Todos los procesos judiciales, tanto canónicos como civiles, tienen su complejidad, pues se trata un proceso formal en el que una autoridad debe allegarse de todos los elementos necesarios para conocer la verdad de un caso y tomar una decisión. En este sentido, la dificultad de un asunto puede venir de dos fuentes:


Primero, del procedimiento, es decir, de las reglas a las que los juicios están sujetos y que un profesional competente conoce y sabe seguir y aprovechar. Por eso se recomienda la asistencia de un abogado, que puede ser asignado por el Tribunal o elegido por el fiel. Este acompañamiento profesional es un derecho de toda persona que es parte en un proceso judicial canónico. La otra fuente de dificultad es el caso en sí mismo: un asunto será tan difícil o complicado como lo sea conocer la verdad del mismo y probarla ante el Tribunal. Por eso, desde la investigación prejudicial, se hace un estudio sobre la viabilidad de los casos.


Un punto importante a considerar es que, como dice el refrán: "cada quien habla de cómo le va en la feria". Guiarnos por las experiencias personales de quienes han pasado por un proceso de nulidad puede ser engañoso, sobre todo si sólo se toma en cuenta una experiencia. Como dije en el párrafo anterior, cada caso tiene sus propios elementos y, como existen casos muy claros y con abundancia de pruebas, existen otros mucho más complicados. Por ejemplo, la ausencia de testigos que conozcan los hechos puede hacer muy difícil de probar un caso cuya teoría está clara. Igualmente, si una persona llevó a cabo su proceso antes de la reforma, su experiencia fue distinta a la de quienes han tramitado sus juicios después.


2. Son caros


El tema de los costos de un proceso de nulidad tiene varias vertientes, pero es importante comenzar por señalar que un proceso podría llegar a ser completamente gratuito para un fiel, dependiendo de sus circunstancias. Lo primero que hay que considerar, en cuanto a costos de un proceso, son todos aquellos gastos relacionados con la obtención de las pruebas, como puede ser la recolección de documentos, la práctica de algunas pericias (estudios) médicas o psicológicas, etc. Estas pericias no siempre son necesarias, y muchas veces es el propio Tribunal quien las encarga y asume su costo, sobre todo cuando se trata de pericias que se realizan no directamente con las personas, sino a partir de los elementos que se recogen en las actas del proceso. Estos gastos no suelen ser muy elevados y, en muchos casos, ni siquiera se generan o vienen incluidos en los otros rubros.


El siguiente punto a considerar son las costas del Tribunal, que es algo que podríamos llamar una "cuota de recuperación" que los tribunales eclesiásticos establecen para poder sostenerse pues, a diferencia de los tribunales civiles, no cuentan con los recursos del Estado para mantener su operación. Las costas del proceso suelen ser económicas y contar con facilidades para pagarse de forma diferida. Además, como existe un deber de la Iglesia de garantizar la justicia eclesiástica a los fieles, estas costas pueden ser reducidas o eliminadas en su totalidad a solicitud del fiel que inicia su proceso.


Por último, en cuanto a costos, están los honorarios del abogado procurador que ayuda al fiel en su proceso. Todos los tribunales eclesiásticos cuentan con abogados procuradores gratuitos que los fieles pueden solicitar, pero también quien va a iniciar un proceso puede buscar un abogado privado que lo asesore y lleve su juicio. Recurrir a un abogado privado tiene sus ventajas, sobre todo en cuanto a la disponibilidad de tiempos y a la atención personalizada que puede dar a su cliente. En este rubro cada abogado fija sus propios honorarios, pero algunas diócesis, como la Arquidiócesis Primada de México, han puesto topes a cuánto puede cobrar un abogado privado. Esto es importante, pues los abogados procuradores debemos ser autorizados por el Obispo para llevar procesos en su tribunal y estamos sometidos a su autoridad. Los abogados privados también podemos ofrecer un patrocinio gratuito de las causas, es decir, llevarlas pro bono.


3. Son largos


Como dije al comienzo, antes de la reforma de 2015 era necesario contar con una doble sentencia conforme para poder contraer nuevas nupcias después de un proceso de nulidad, es decir, después de que un tribunal declaraba nulo un matrimonio, debía llevarse otro juicio para que un tribunal de apelación confirmara la declaración de nulidad. Esto implicaba que necesariamente debían llevarse a cabo 2 juicios, y a veces hasta 3. La razón de esto era la preservación de la dignidad del matrimonio y hacer más difícil que los procesos de nulidad se relajaran convirtiéndose en una especie de "divorcios reconocidos por la Iglesia". Sin embargo, el Papa Francisco, a la luz de la experiencia en algunos lugares en los que este requisito se eliminó como experimento, consideró que esto no era necesario para lograr el adecuado respeto a la dignidad del matrimonio y que imponía una limitación al acceso a la justicia canónica para los fieles que desean resolver su situación matrimonial. Por este motivo la doble sentencia conforme ya no es necesaria y, sino existe apelación, ya sólo debe sustentarse un solo juicio de nulidad en primera instancia. Esto, como es lógico, redujo la duración del proceso considerablemente.


Ahora, en derecho siempre es muy complicado hacer estimaciones precisas del tiempo que tomará un proceso, pues esta duración depende de muchos factores: del tribunal, su carga de trabajo y capacidad de atención; del caso y quienes participan, no sólo las partes, que pueden cooperar o pueden entorpecer el juicio, sino también de los testigos y la dificultad o facilidad de que acudan a comparecer; de la posibilidad y facilidad de recoger otras pruebas y contar con los documentos necesarios... en fin, se deben considerar muchos elementos. Sin embargo, para un juicio de primera instancia en un tribunal como el de México (y quitando el elemento de la pandemia) una estimación realista estaría entre un año y año medio.


Como se ve, aunque los procesos requieren tiempo, tienen su grado de complejidad técnica y generan costos (como cualquier juicio), son mucho más baratos, cortos y sencillos de lo que muchas personas creen. Ahora, esto es así porque el matrimonio es un tema serio, es un sacramento y una vocación, y no se le puede tratar como un mero "contrato" del que cualquiera de las partes pueda salirse cuando quiera. Las normas y los tiempos procesales, y la participación de personas formadas y profesionales, tanto en el tribunal como fungiendo como abogados, ayudan a garantizar un auténtico proceso de búsqueda de la Verdad que cuide la dignidad del matrimonio como sacramento y permita a los fieles vivir de cara a su realidad. La próxima semana hablaremos del siguiente mito sobre los procesos de nulidad matrimonial.


Si tienes alguna duda o quieres conversar sobre un posible proceso de nulidad, ponte en contacto conmigo y te atenderé con mucho gusto.

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© 2017 Adrián Rodríguez Alcocer. Creado con Wix.com

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