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  • Adrián Rodríguez Alcocer

¿Cómo se estudia la viabilidad de un caso?

Como hemos dicho otras veces, el proceso de nulidad es un proceso de búsqueda de la verdad, que comienza con una etapa prejudicial en la que se estudia la viabilidad del caso, se identifican las posibles causales de nulidad y se reúnen elementos que puedan servir al tribunal para conocer a fondo el caso y, en su momento, ya dentro del juicio, pronunciar sentencia. Esta etapa prejudicial, que también se llama investigación prejudicial, es muy importante pues permite discernir qué casos cuentan con los elementos necesarios para que un juicio pueda sostenerse y cuáles sencillamente no los tienen. Es responsabilidad de quien realiza esta investigación hacerla con honestidad intelectual (es decir, como se dice coloquialmente, no “buscarle tres pies al gato”), y con honestidad hacia el cliente. Decirle con claridad si se identifican posibles causales, cuáles son estas, y si pueden ser probadas con los testigos ofrecidos –claro, sin adelantar el trabajo del tribunal ni hacer promesas- , o si, por el contrario, no existen elementos de prueba o de plano no es posible identificar causales de nulidad, es un deber elemental de cara no sólo a un posible proceso de nulidad, sino a la misma realidad del cliente, que es un hermano.


Quienes hemos trabajado en estas investigaciones algunos años, sabemos que pueden encontrarse casos con causales prácticamente evidentes, en los que no hace falta indagar mucho para que estas salgan a relucir y puedan ser probadas con claridad; también pueden encontrarse casos que exigen un esfuerzo mayor, a veces muy grande, para descubrirlas y lograr tener suficientes elementos de prueba; y, también existen aquellos casos que deben ser rechazados porque sencillamente no es posible identificar causales de nulidad (a veces, al contrario, lo que queda evidenciado es la existencia del vínculo), o porque estas no pueden ser probadas aunque sea posible entreverlas.


En este último caso, los clientes suelen sentirse decepcionados y a veces confundidos por esta opinión negativa, pues han vivido un fracaso matrimonial, con todo el sufrimiento que conlleva, muchas veces cuentan ya con una nueva pareja o una nueva familia, y además se han decidido a dar el paso para buscar quedar “libres” de ese matrimonio para el que no hay reconciliación posible. Las personas pueden sentirse contrariadas, y quizás hasta sentir que se ha restado valor a su experiencia matrimonial cuando de la investigación se desprende la inviabilidad de un caso, por eso es muy importante recordar que un matrimonio que fracasa no es lo mismo que un matrimonio nulo, y que las dificultades del mismo, por graves que sean, no son lo mismo que causales de nulidad. Es cierto que los matrimonios nulos tienden a fracasar, pero existen muchos matrimonios válidos y existentes que se separan por las más diversas razones, a veces con justicia y a veces fruto de la “dureza de corazón” que nos caracteriza como seres humanos (Mt 19, 8).


Pues bien, ¿qué se toma en cuenta, entonces, para dar una opinión sobre un caso de nulidad? En primer lugar, se busca identificar posibles casuales, ya sea a partir de los impedimentos matrimoniales, de la falta de forma, o de los vicios del consentimiento matrimonial. Poco a poco, iré tratando cada una de estas posibilidades, pero es importante mencionar que, cuando hablamos de los vicios del consentimiento, no es posible hacer “listas” de situaciones que producen la nulidad, sino que los hechos concretos del caso deben analizarse para discernir si encuadran dentro de alguna de las causales establecidas en el Código de Derecho Canónico.


En segundo lugar, una vez que se identifican las posibles causales a partir de los hechos del caso, se debe buscar constatar que estas estuvieran presentes al momento de contraer matrimonio. Cualquier causal invocada debe estar presente en los contrayentes o en uno de ellos al momento de casarse, pues es precisamente la presencia de esa causal la que impedirá que el vínculo se forme. Ninguna causal tiene efectos retroactivos, es decir, no existe ninguna razón por la que un matrimonio que es válido y existente desde el principio deje de serlo. Esto no excluye que existen algunas situaciones que pueden configurar causales de nulidad que, estando presentes en los contrayentes al momento de la boda, se manifiestan hasta después, a veces mucho después; sin embargo, esto debe probarse.


Por último, quien realiza la investigación debe poner atención en la capacidad real de probar las causales invocadas, ya sea mediante documentos, testigos u otros elementos de prueba. En la mayor parte de los procesos matrimoniales, la prueba descansa en testimonios de personas creíbles que conocieron los hechos ya se por haberlos presenciado, o por haberlos escuchado de las partes en tiempo no sospechoso, es decir, antes de que surgiera la idea de iniciar un proceso de nulidad.


Aunque he simplificado el tema, estos tres puntos son esenciales para hacer una adecuada apreciación de la viabilidad de un caso de posible nulidad matrimonial. Como se ve, para que esta investigación cumpla su objetivo, debe ser llevada a cabo por un experto, ya sea de los que ofrecen los propios tribunales, o por abogados privados que cuentan con la formación adecuada para ello.


Si tienes dudas sobre una posible nulidad de matrimonio y deseas asesoría, no dudes en contactarme

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© 2017 Adrián Rodríguez Alcocer. Creado con Wix.com

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