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  • Adrián Rodríguez Alcocer

Mitos de la nulidad 2: es un "divorcio católico"

Antes de casarme, cuando estaba iniciando con el tema de los procesos de nulidad matrimonial, un tío muy cercano me dijo: "primero deberías pasar unos años de casado antes de estar divorciando gente." Me trajo a la memoria a los abogados de divorcios de las películas americanas: cínicos, adinerados, preocupados por cómo lograr la separación llevándose lo más posible para su cliente y su propio bolsillo. No ha sido, por mucho, la única persona que ha pensado que a eso me dedico en mi práctica, a estar "divorciando gente".


También, en algunos lugares, he encontrado cierta resistencia a hablar del tema de la nulidad matrimonial, como si hablar de ello fuera promover que las parejas se separen. Incluso, en una ocasión, escuche a una contraparte decir: "a mí no me interesa esto porque yo me casé para siempre". Ese tipo de afirmaciones deja siempre un reproche en el aire, un "yo me casé para siempre". También he conocido casos de personas que soportan por años situaciones de pareja terribles porque "es su cruz", porque el matrimonio es "en las buenas y en las malas".


Esto es, probablemente, lo más complejo de este mito. Desde luego, tienen razón en sus afirmaciones de fondo: quien se casa, se casa para siempre, en las buenas y en las malas, y aceptando desde el momento de casarse todo lo que pueda venir de alegrías y sufrimientos al conformar ese consorcio para toda la vida que es el matrimonio. Esto es la indisolubilidad, una propiedad esencial del matrimonio basada tanto en la naturaleza del ser humano como en la afirmación que, con toda claridad, hizo Nuestro Señor y que se repite en las bodas: "lo que Dios ha unido, no lo separe el hombre." (Mt 19, 3-6)


¿Y entonces?


Pues ese es justamente el tema, que ya hemos mencionado otras veces: el proceso de nulidad no sirve para separar lo que Dios ha unido, sino para ver si esta unión efectivamente existe o se trató de una mera apariencia. Ni yo, ni los tribunales eclesiásticos, nos dedicamos a estar "divorciando gente" porque el divorcio para el matrimonio católico no existe.


El proceso de nulidad matrimonial es una búsqueda de la verdad acerca de si el vínculo matrimonial se conformó o no, y la sentencia del tribunal se limita a declarar si consta con suficiente certeza que, a pesar de la boda (y la fiesta, y las fotos, y los años de vida común, y los hijos...), el matrimonio no se produjo, nunca existió. Quien se acerca buscando disolver su matrimonio a toda costa, o quien busca una especie de "permiso" para volverse a casar o vivir sin su cónyuge, tiene amplias posibilidades de sufrir una decepción pues, como ha dicho el Decano del Tribunal de la Rota Romana, Mons. Stankiewicz, el fracaso no implica la nulidad del matrimonio. Divorcio y nulidad son dos situaciones completamente diferentes y no deben confundirse.


Todos tenemos a la vez el derecho y la obligación de vivir de acuerdo a la verdad. En particular, de acuerdo a la verdad de quiénes somos. Y al igual que sería incorrecto solapar que el casado abandone el matrimonio y viva con alguien que no es su cónyuge, tampoco es correcto forzar a quien nunca se casó a sufrir los efectos de un vínculo que no existe. El matrimonio es cosa seria, y como cosa seria existen requisitos indispensables que deben cumplirse para que el "sí" de los dos configure efectivamente un matrimonio. En realidad, aunque en el imaginario colectivo el proceso de nulidad se busca para casarse otra vez, este proceso permite vivir de cara a la realidad personal, tanto si la nulidad se declara como si no. En mi opinión quien, tras vivir un fracaso matrimonial, tiene intuiciones o sospechas de que su matrimonio puede ser nulo, debe acercarse a un especialista para recibir acompañamiento e iniciar esta investigación de la verdad; claro, cuando se sienta listo. Es por eso que dentro de la justicia eclesiástica se ha previsto un proceso específico para la declaración de nulidad de un matrimonio: porque la verdad es el centro de la justicia y porque el amor auténtico va siempre acompañado de la verdad.


Si tienes dudas sobre un posible caso de nulidad o quieres saber más sobre el tema, ponte en contacto conmigo y con gusto podemos conversar.

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© 2017 Adrián Rodríguez Alcocer. Creado con Wix.com

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